Pero lo que más me capturó, fue mirar el cielo estrellado. Era otro cielo, eran otras estrellas. No había contaminación visual, ni donde me encontraba ni en la lejanía, por lo cual se veía vasta y profundamente el firmamento. Pero a diferencia de nuestro cielo, dominado por la Vía Láctea cruzándolo al medio, con Orion fácilmente reconocible o Sirio, la estrella más brillante. No había una sino múltiples pequeńas "esferas" o "manchas" de galaxias rosadas y violáceas, separadas entre sí. Y dominando la noche, tres estrellas desalineadas, tres Sirios. La forma en que se veían me recordó a las moléculas de agua.
Y eso es todo lo que recuerdo. Volví desde muy lejos a mi cuerpo y desperté.
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