November 23, 2023
November 13, 2023
hechizo-promesa
November 08, 2023
libertad
October 21, 2023
sol-interior
de sueños
Le digo algunas cosas a la nueva pareja de mi ex, a la que esta dejando mi ex. Me las digo a mi mismo. Lo abrazo. Le pido, le ruego que libere al otro al cambio. Que la deje ir y ser, y que ahí todo se va a acomodar. No hay que atar ni atarse. No hay que juzgar, no hay que esperar ni intentar enseñar o predicar. Todos estamos en la misma: buscando la forma de ser felices, de encontrar el lugar, la luz. A veces cuesta, sí. Hay dolor, sí, un montón. Hay todo tipo de bifurcaciones. La vida es un misterio. Hay todo tipo de pasos en falso. La vida es un sueño. El amor que sienten está ahí, estuvo desde siempre y nunca va a desaparecer. Le digo que antes de que su historia siquiera arrancara, esa historia se sentia mia y luego la sentí terminar. No era ni mía, ni terminó, porque no funciona así. Y luego de pasar por la oscuridad, de buscar esa pieza que faltaba en el fondo de mi alma, de mi lago interior, llegué a donde estoy. Al punto de inflexión en que les puedo abrazar a ambos, a ella y a el, juntos o por separado y desearle a él el bien y lo mejor, con o sin ella, y que no quiero perder su cercanía y su luz, incluso si fue unilateral y si él no sintio lo mismo. No es lo importante. Lo que importa es lo que da uno y cómo lo da. Lo abrazo y le pido que por favor nos libere a todos al cambio, lo único que nos puede permitir encontrar la luz.
October 06, 2023
antibióticos
October 02, 2023
August 11, 2023
August 07, 2023
un deja vu
August 06, 2023
integrar
Estoy en una habitación amplia, el living de un departamento grande, con pocos muebles. Sobrio, pero no espartano. Luz normal, viene de algún lado pero no presto atención de dónde. Es un toque fría, un toque cálida, resalta los colores claros-crema, como en tantos livings en los que viví. Estoy cómodo así, ahí. Miro alrededor y veo una puerta. Se ve sólida. Siempre estuvo ahí? Es pesada, de madera gruesa, oscura, fuera de lugar. Me acerco y abro esa puerta. No estaba cerrada. La empujo del todo y entro sin pensarlo. Está oscuro del otro lado, es más amplio de lo que esperaba inicialmente. Siento un dejo de miedo. Con solo pensarlo, hay luz, pero difusa. No sé de dónde viene, pero mi mano ahora tiene una llama. Las paredes y el piso son de piedra, de un color oscuro-verdoso, quizás por la iluminación, quizás por la humedad. Noto que no concuerda con la habitación de departamento anterior. Se siente muy húmedo, pero no huele mal. El ambiente se intuye cavernoso, oscuro, se extiende infinito hacia quién sabe dónde. Hay un pasillo que se aleja de esta recámara, y una escalera de caracol a unos metros, delante. No hay ventanas. Pienso, dudo. Pero en esa misma habitación, veo una armadura medieval, muy antigua y muy pesada. Siento la solidez del metal frío con solo mirarla. El yelmo, impersonal, desafiante, total. Cada centímetro del cuerpo estaría cubierto por ella, nada ni nadie podría alcanzar su interior. Solo un golpe muy, muy fuerte. Hay una espada apoyada, en cuyo pomo descansan las dos manos enguantadas. El metal está un poco opacado por el tiempo, pero en perfecto estado. Está un tanto sucia: marcas oscuras en algunos bordes o lugares. No sé si son barro o sangre seca, no me detengo a analizarlo. El yelmo tiene una abolladura, ahora que miro mejor, también está un tanto roto uno de los ksjdclkjsc ('avan-brazo' según Google), el izquierdo. No dudo más. Traigo la armadura a la habitación contigua. No sé cómo lo hago, simplemente estamos de vuelta del otro lado después de un tiempo indeterminado. Tengo que vestirla? No, no hace falta. Pero de hacer falta, sé que está ahí, esperándome. La coloco en una pared cerca de esa puerta. Ahora noto que la habitación cambió. La luz es un poco más cálida, como si un fuego la iluminara desde algún lado, porque puedo apreciar su danza en las paredes, sus tonos más rojos-amarillos (en relación a cómo eran antes) en los pocos muebles que veo. Parado en el medio, hay cierta sensación de teatralidad, de un escenario. Estoy cómodo en él, nada más existe hoy. La habitación está escasamente amueblada pero no se siente vacía; lo que hay es más que suficiente. En armonía. Me complace, aunque no lo demuestro. Giro lento para apreciar el tenue calor, la luz danzante, el espacio que hay dentro de mi respiración. La armadura silenciosa, una presencia que no desentona con todo lo demás que hay (y que no me estoy deteniendo a mirar en este preciso momento, no hace falta). La armadura monta guardia, cerca de esa puerta. Su metal oscuro centellea por la iluminación. No encuentro la fuente y dejo de buscar, porque el fuego soy yo. La armadura también soy yo. Y la habitación semi-vacía, el living de ese departamento soy yo, así como también la otra habitación contigua, la del castillo oscuro que va hacia las profundidades de esa construcción. Que también soy yo.
